Se trata de un trastorno del neurodesarrollo que sufren alrededor de 4%-5% de niños y adolescentes, caracterizado por alteraciones en tres áreas del comportamiento:

  1. Inatención: dificultad para mantener la atención en lo que hacen; parece que no escuchen; no acaban tareas o encargos; no saben organizar trabajos, juegos u otras actividades; pierden objetos, prendas de ropa o material escolar; etc.
  2. Impulsividad: se precipitan en las respuestas; interrumpen actividades, juegos o conversaciones de otros; no prevén consecuencias de sus actos; les resulta muy dificil guardar turno; etc.
  3. Hiperactividad: no pueden estar quietos; tanto en el comedor como en clase con frecuencia se levantan de la silla; corren y saltan en lugares y momentos inapropiados; hablan en exceso; etc.

El conjunto de estas alteraciones suele manifestarse en un comportamiento desorganizado, a veces caótico. Para confirmar un diagnóstico de TDAH estos problemas deben observarse tanto en casa como en la escuela (o en el trabajo en adultos). En algunos casos puede diagnosticarse un trastorno por inatención, sin impulsividad ni hiperactividad. El TDAH acostumbra ir acompañado por negativismo  y oposicionismo a las normas establecidas por los adultos, especialmente en el medio familiar. Con frecuencia el TDAH se asocia a tics  y enuresis nocturna. El riesgo más importante es una posible evolución hacia un comportamiento antisocial y abuso de sustancias tóxicas.